¿Podría
la pérdida de tu estulticia, humano ignorante, ser el mayor beneficio para una
humanidad tan agónica como inconsciente de ello? Tú, que vives rodeado de
hechos que casi podrías agarrar con la mano, eres el que elige obviarlos,
haciendo lo superfluo importante y lo importante mentira. Dices rendir culto a
la vida y sus placeres pero la circundas de una muralla de escepticismo y
miedo. ¿Y qué clase de satisfacción vas obtener de los mismos placeres una y
otra vez? Tu culto a la vida se reduce a
un miedo visceral a morir y tu vida a una supervivencia discreta y vacía. Y es
vacía porque niegas la esencia misma de la vida: el cambio. Dentro de tu cúpula
de inmutabilidad es fácil y bonito pensar que todo es lo que siempre ha sido y
así permanecerá. Pero una vez más, solo estás siendo ignorante, o tal vez el
más salvaje de los soñadores que exista.
Lo
inevitable ha sido temido paradigmáticamente desde la más antigua civilización.
Ese miedo ancestral está ahora desaparecido y las condiciones de nuestra vida
inducen a la comodidad. Pero ese temor perdura, indefinido y por ello más
abominable que nunca. En tu interior sabes que mentirse a uno mismo tiene
consecuencias, y mucho más predecibles de las que cabe esperar. Puede que
tengas que esperar hasta el último suspiro de tu vida, pero acabarás viendo que
tu miedo es real al materializarse ante ti lo verdad que has estado eludiendo
toda tu vida. Nadie te librará de arrepentirte de haber vivido.
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