viernes, 13 de diciembre de 2013

Sin titulo

Era temprano por la mañana en una de esas noches invernales de oscuridad pesada y lenta. Hacia frío y desgana, pero saltó de la cama. El congelado tacto del suelo de piedra pulida le punzó la planta de los pies y fue dando brincos sobre las puntas de los dedos hasta la cocina, con la manta echada sobre los hombros. Tras encontrar un cazo, lo llenó de leche y silbó una breve melodía de tres notas. Unas llamas, más parecidas a hebras de fuego, finas como hojas aparecieron bajo el cazo y desaparecieron unos segundos después. La leche soltaba volutas de vapor, y se la bebió directamente del cazo.

Con la garganta quemada y considerablemente más despierto, cogió del armario de uno de los quince conjuntos exactamente iguales que tenía : Camisa y pantalones negros parduzcos de cuero, botas de piel y leotardos verdes, al menos para esa época del año. Una vez vestido se dirigió hacia su mesa, donde había un libro abierto por la mitad, con solo la primera página escrita. La mesa no llegaba a los dos palmos de altura, así que se sentaba en el suelo con las piernas cruzadas. Empezó a pasar páginas hacia atrás hasta que algo capto su atención. Leyó avídamente moviendo los labios, todavía no sabía muy bien. Cuando paró,levantó la cabeza, cerró los ojos y recordó por largo rato.

Ya era hora de irse o el sol saldría antes que él. Aunque eso era totalmente irrelevante,también era una norma, y no tenía que tener sentido, solo significado. Crujió cada uno de sus entumecidos dedos a la vez y luego por separado. Antes de salir, destapó una caja de madera y sacó su guante. Era un guante blanco de lino, ajado por el uso pero sin un rasguño, y tenía tres lineas bordadas en cada una de las falanges y una espiral en la palma. Lo sacudió un par de veces y se lo puso en la mano derecha. Con un corto tarareo, la puerta cedió de sus bisagras y cayó hacia la hierba, brillante del rocío.

No era tarde ni tampoco temprano. Simplemente una de esas noches persistentes y frías que no se quieren ir. Él no tenía prisa, y es que tenía el día entero por delante. Mirando alrededor solo veía horizontes, pero sabía a cual perseguir. Echó a andar mientras se ajustaba el guante. Alimentarse era vital, y hoy había que ir a cazar ideas.

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