Era temprano por la mañana en una de esas noches invernales de oscuridad
pesada y lenta. Hacia frío y desgana, pero saltó de la cama. El
congelado tacto del suelo de piedra pulida le punzó la planta de los
pies y fue dando brincos sobre las puntas de los dedos hasta la cocina,
con la manta echada sobre los hombros. Tras encontrar un cazo, lo llenó
de leche y silbó una breve melodía de tres notas. Unas llamas, más
parecidas a hebras de fuego, finas como hojas aparecieron bajo el cazo y
desaparecieron unos segundos después. La leche soltaba volutas de vapor,
y se la bebió directamente del cazo.
Con la garganta quemada y considerablemente más despierto, cogió del
armario de uno de los quince conjuntos exactamente iguales que tenía :
Camisa y pantalones negros parduzcos de cuero, botas de piel y leotardos
verdes, al menos para esa época del año. Una vez vestido se dirigió
hacia su mesa, donde había un libro abierto por la mitad, con solo la
primera página escrita. La mesa no llegaba a los dos palmos de altura,
así que se sentaba en el suelo con las piernas cruzadas. Empezó a pasar
páginas hacia atrás hasta que algo capto su atención. Leyó avídamente
moviendo los labios, todavía no sabía muy bien. Cuando paró,levantó la
cabeza, cerró los ojos y recordó por largo rato.
Ya era hora de irse o el sol saldría antes que él. Aunque eso era
totalmente irrelevante,también era una norma, y no tenía que tener
sentido, solo significado. Crujió cada uno de sus entumecidos dedos a la
vez y luego por separado. Antes de salir, destapó una caja de madera y
sacó su guante. Era un guante blanco de lino, ajado por el uso pero sin
un rasguño, y tenía tres lineas bordadas en cada una de las falanges y
una espiral en la palma. Lo sacudió un par de veces y se lo puso en la
mano
derecha. Con un corto tarareo, la puerta cedió de sus bisagras y cayó
hacia la hierba, brillante del rocío.
No era tarde ni tampoco temprano. Simplemente una de esas noches
persistentes y frías que no se quieren ir. Él no tenía prisa, y es que
tenía el día entero por delante. Mirando alrededor solo veía horizontes,
pero sabía a cual perseguir. Echó a andar mientras se ajustaba el
guante. Alimentarse era vital, y hoy había que ir a cazar ideas.
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